Protocolo de higiene personal en residencias: cuidados, seguridad y dignidad

El protocolo de higiene personal en residencias organiza el aseo diario de cada persona mayor según su autonomía, estado de salud, movilidad, preferencias y capacidad cognitiva. Debe incluir higiene corporal, íntima y bucodental, cuidado de la piel, prevención de caídas, observación de incidencias y registro de los apoyos prestados, siempre con intimidad, consentimiento, respeto y la menor ayuda necesaria.

La higiene de una persona mayor no consiste únicamente en ayudarla a ducharse. Es un momento asistencial en el que el equipo puede detectar dolor, heridas, hematomas, irritaciones, cambios en la movilidad, pérdida de autonomía, alteraciones del comportamiento o signos de que el plan de cuidados necesita revisarse.

Para las familias, conocer cómo se realiza este cuidado permite valorar mejor una residencia. No basta con preguntar cuántas duchas se ofrecen a la semana. También conviene saber quién presta el apoyo, cómo se protege la intimidad, qué ocurre si la persona rechaza el aseo y cómo se comunica cualquier incidencia.

En esta guía explicamos qué debe incluir un protocolo de higiene, cómo se adapta a diferentes grados de dependencia y qué preguntas puedes hacer al visitar un centro residencial.

¿Qué es un protocolo de higiene personal en una residencia?

Es un procedimiento asistencial que establece cómo valorar, planificar, realizar y registrar la higiene de las personas residentes. Su finalidad es mantener el bienestar, proteger la piel y las mucosas, reducir riesgos evitables y conservar la imagen, las preferencias y la dignidad de cada persona.

Un protocolo adecuado no debe aplicarse como una rutina idéntica para todos. Dos personas de la misma edad pueden necesitar apoyos completamente distintos. Una puede ducharse sola con supervisión; otra puede precisar ayuda parcial para lavarse la espalda o los pies; y una persona encamada puede requerir un aseo completo en cama y vigilancia especial de la piel.

Por eso, el punto de partida debe ser siempre una valoración individual que tenga en cuenta:

  • Capacidad para entrar y salir de la ducha con seguridad.
  • Equilibrio, fuerza, movilidad y riesgo de caída.
  • Capacidad para comprender y seguir indicaciones.
  • Estado de la piel, mucosas, boca, uñas y cabello.
  • Continencia urinaria y fecal.
  • Dolor, fatiga o limitaciones articulares.
  • Uso de prótesis, ayudas técnicas, sondas u otros dispositivos.
  • Hábitos, horarios, productos, peinado y preferencias personales.
  • Necesidad de apoyo emocional o adaptación por Alzheimer u otra demencia.

Objetivos del protocolo de higiene y aseo

El objetivo principal es que la persona se sienta limpia, cómoda y respetada. A partir de ahí, el protocolo debe ayudar a:

  • Mantener la higiene corporal, íntima, bucodental, capilar y de las uñas.
  • Proteger la barrera cutánea y reducir problemas asociados a humedad, roce o presión.
  • Prevenir caídas y accidentes durante el baño o los cambios de ropa.
  • Favorecer la autonomía, evitando sustituir capacidades que la persona conserva.
  • Detectar lesiones, enrojecimientos, hematomas, dolor o cambios físicos.
  • Disminuir el malestar relacionado con incontinencia, sudoración o inmovilidad.
  • Conservar la intimidad, la identidad y la imagen personal.
  • Registrar incidencias y facilitar la coordinación entre profesionales y familia.

Una buena higiene aporta salud, pero también seguridad emocional. Poder elegir la ropa, utilizar los productos habituales o mantener el peinado de siempre puede ayudar a una persona mayor a reconocerse y conservar una sensación de control sobre su vida cotidiana.

¿Cómo se adapta la higiene al grado de dependencia?

El apoyo debe ajustarse a lo que la persona realmente puede hacer. Ayudar demasiado puede acelerar la pérdida de autonomía; ayudar de menos puede generar inseguridad, mala higiene o riesgo de caída.

Adaptación del aseo según la autonomía y las necesidades de la persona mayor
Situación Apoyo habitual Prioridad asistencial
Persona autónoma Supervisión puntualPreparar el entorno y comprobar que puede realizar el aseo sin riesgo. Conservar independencia, privacidad y hábitos personales.
Dependencia leve Ayuda parcialApoyo en zonas de difícil acceso, vestido, secado o entrada en la ducha. Completar únicamente las tareas que no puede realizar con seguridad.
Dependencia moderada Ayuda frecuenteAcompañamiento durante el baño, higiene íntima y revisión de la piel. Equilibrar autonomía, higiene, comodidad y prevención de caídas.
Dependencia severa Aseo completo asistidoDucha adaptada o higiene en cama, movilización segura y cuidado cutáneo. Evitar dolor, lesiones, humedad mantenida y pérdida de dignidad.
Alzheimer o demencia Rutina individualizadaLenguaje sencillo, anticipación, tiempo suficiente y profesional de referencia. Reducir miedo, rechazo y agitación sin forzar el cuidado.

Preparación del aseo: seguridad, intimidad y material

Antes de comenzar, el profesional debe explicar qué va a hacer, pedir colaboración y preparar todo el material para evitar interrupciones. La puerta debe permanecer cerrada y el cuerpo debe cubrirse siempre que sea posible, dejando expuesta únicamente la zona que se está lavando.

El entorno debe tener una temperatura confortable, iluminación suficiente y suelo seco. Según las necesidades de la persona, pueden utilizarse barras de apoyo, asiento de ducha, alfombrilla antideslizante, grúa, silla adaptada u otras ayudas técnicas.

El material se individualiza y puede incluir:

  • Agua a temperatura agradable, comprobada antes del contacto.
  • Producto limpiador suave y compatible con el estado de la piel.
  • Toallas limpias y ropa preparada.
  • Guantes cuando el procedimiento o el contacto con fluidos lo requiera.
  • Material de higiene bucodental y cuidado de prótesis.
  • Crema hidratante o productos indicados en el plan de cuidados.
  • Material absorbente para incontinencia, si procede.

Los útiles personales no deben compartirse. También es importante respetar alergias, prescripciones sanitarias y preferencias, evitando aplicar productos nuevos sin comprobar previamente su idoneidad.

Pasos del aseo completo en ducha o baño adaptado

Cuando la persona puede utilizar la ducha, el procedimiento suele seguir una secuencia ordenada:

  1. Explicar y acordar el cuidado: informar de lo que se va a hacer y favorecer que participe.
  2. Preparar el entorno: regular temperatura, retirar obstáculos y colocar las ayudas necesarias.
  3. Proteger la intimidad: cerrar puertas, cubrir el cuerpo y evitar entradas innecesarias.
  4. Ayudar en la transferencia: utilizar técnicas y ayudas seguras para entrar en la ducha.
  5. Lavar de forma ordenada: comenzar por las zonas más limpias y reservar la higiene íntima para el final.
  6. Aclarar y secar cuidadosamente: prestar atención a axilas, ingles, pliegues abdominales, espacios interdigitales y zonas bajo las mamas.
  7. Observar la piel: comprobar si hay enrojecimiento, heridas, humedad, hematomas, dolor o cambios.
  8. Hidratar y vestir: aplicar los productos indicados y permitir que la persona elija entre opciones adecuadas.
  9. Dejar el entorno seguro: retirar humedad, ordenar el material y realizar higiene de manos.
  10. Registrar: anotar el apoyo prestado y cualquier incidencia relevante.

El baño no debe realizarse con prisas. Cuando una persona necesita ayuda, el tono, la forma de tocar y el modo de explicar cada paso influyen tanto como la técnica utilizada.

Higiene de una persona encamada

El aseo en cama se utiliza cuando levantarse o acudir al baño no resulta seguro o está desaconsejado. Debe planificarse para evitar dolor, fatiga, enfriamiento y exposición innecesaria.

Se lava el cuerpo por zonas, manteniendo cubiertas las áreas que no se atienden. La secuencia suele avanzar desde las partes más limpias hacia las que requieren mayor higiene. El agua y el material deben renovarse cuando sea necesario para no trasladar suciedad de una zona a otra.

Durante el procedimiento conviene:

  • Explicar cada movimiento antes de realizarlo.
  • Evitar fricciones intensas sobre piel frágil.
  • Secar sin arrastrar, especialmente en pliegues.
  • Observar prominencias óseas, talones, codos, sacro y zonas sometidas a presión.
  • Movilizar con una técnica segura y con el personal necesario.
  • Cambiar ropa y lencería procurando no generar pliegues.
  • Colocar a la persona en una postura cómoda al finalizar.

La higiene ayuda a observar la piel, pero no sustituye el plan específico de prevención de lesiones por presión, movilización, nutrición o valoración sanitaria que pueda necesitar la persona.

Higiene íntima e incontinencia

La higiene íntima requiere especial delicadeza porque afecta directamente al pudor y la dignidad. Debe utilizarse únicamente el personal necesario, explicar el procedimiento y evitar comentarios que puedan avergonzar a la persona.

En mujeres, la limpieza se realiza habitualmente desde la zona genital hacia la anal para disminuir el traslado de microorganismos. En hombres, debe limpiarse cuidadosamente la zona genital y, cuando corresponda, recolocar el prepucio después del aseo.

Cuando existe incontinencia, el cuidado no consiste solo en cambiar el absorbente. También es necesario:

  • Realizar los cambios con la frecuencia adecuada a cada situación.
  • Limpiar y secar la piel sin frotar de forma agresiva.
  • Vigilar irritación, humedad, heridas, dolor u olor inusual.
  • Usar la talla y el tipo de producto absorbente indicados.
  • Favorecer el acceso al baño cuando la persona conserva capacidad.
  • Comunicar cambios en el patrón urinario o intestinal.

Un cambio brusco de continencia, dolor, fiebre, sangre, alteración del olor o lesiones debe comunicarse al profesional sanitario responsable para su valoración.

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Higiene bucodental, cabello, uñas y prótesis

La higiene diaria debe contemplar todo el cuerpo, no solo la ducha.

Cuidado de la boca

El cepillado de dientes, encías y lengua debe adaptarse a la capacidad de la persona. Las prótesis dentales necesitan limpieza propia y una conservación adecuada. Dolor, sangrado, llagas, sequedad, dificultad para masticar o cambios en la deglución deben comunicarse.

Cabello y afeitado

La frecuencia debe ajustarse a los hábitos personales y al estado del cuero cabelludo. El peinado, el afeitado o el cuidado de la barba forman parte de la identidad y no deberían tratarse como detalles secundarios.

Uñas de manos y pies

Deben mantenerse limpias y con una longitud segura. Si hay diabetes, problemas circulatorios, deformidades, heridas o uñas engrosadas, el cuidado de los pies requiere valoración y pautas profesionales específicas.

Gafas, audífonos y otras ayudas

La limpieza y correcta colocación de gafas, audífonos y prótesis favorece la orientación, la comunicación y la autonomía. Después del aseo deben quedar accesibles y funcionando correctamente.

¿Qué hacer cuando una persona mayor rechaza el aseo?

El rechazo no debe interpretarse automáticamente como falta de colaboración. Puede estar relacionado con pudor, frío, dolor, cansancio, miedo a caer, deterioro cognitivo, experiencias previas negativas o dificultad para comprender lo que ocurre.

Antes de insistir, conviene preguntarse:

  • ¿Tiene dolor al mover un brazo, entrar en la ducha o permanecer de pie?
  • ¿La temperatura del baño resulta agradable?
  • ¿Reconoce al profesional que la ayuda?
  • ¿Prefiere otro horario o una profesional de determinado sexo?
  • ¿Entiende las explicaciones o recibe demasiadas instrucciones a la vez?
  • ¿La ducha le produce miedo por el ruido, el agua o la sensación de inestabilidad?
  • ¿Existe un cambio brusco de conducta que deba valorarse?

Las estrategias deben individualizarse. Puede ayudar ofrecer dos opciones sencillas, comenzar por una higiene parcial, utilizar productos conocidos, mantener una rutina estable, evitar discusiones y volver a intentarlo más tarde. Forzar el aseo puede aumentar el miedo y dificultar futuras intervenciones.

Si el rechazo es nuevo, intenso o persistente, el equipo debe revisar posibles causas físicas, emocionales, ambientales o cognitivas y adaptar el plan de cuidados.

Aseo en personas con Alzheimer u otras demencias

Una persona con Alzheimer u otra demencia puede no reconocer el baño, interpretar la ayuda como una amenaza o sentirse incómoda al desvestirse delante de alguien. También puede olvidar la finalidad de los objetos o perder la capacidad de ordenar los pasos del aseo.

Suelen ayudar:

  • Mantener un horario y una secuencia previsibles.
  • Contar con profesionales conocidos siempre que sea posible.
  • Dar una indicación cada vez con frases breves.
  • Mostrar los objetos antes de utilizarlos.
  • Evitar corregir o discutir durante el cuidado.
  • Ofrecer participación en tareas sencillas.
  • Proteger el pudor con toallas o prendas fáciles de retirar por zonas.
  • Reducir ruidos, frío, reflejos y estímulos que puedan causar miedo.
  • Interrumpir y replantear el procedimiento si aumenta la agitación.

La prioridad es conseguir una higiene suficiente sin convertir el aseo en una experiencia de confrontación.

La higiene como momento de observación y prevención

El equipo puede detectar durante el aseo cambios que quizá pasen desapercibidos en otros momentos:

  • Enrojecimiento persistente o lesiones en la piel.
  • Hematomas, heridas, rozaduras o signos de rascado.
  • Inflamación, dolor o limitación de movimiento.
  • Cambios en el peso, fuerza o capacidad para mantenerse en pie.
  • Alteraciones en boca, encías o prótesis.
  • Cambios en continencia o eliminación.
  • Mayor confusión, somnolencia, miedo o rechazo.

La función del profesional no es diagnosticar durante el baño, sino observar, registrar y comunicar para que la persona adecuada pueda valorar la incidencia.

Registro del aseo y comunicación con la familia

El registro aporta continuidad. Permite saber qué apoyo se ha prestado, cómo ha participado la persona, si ha rechazado alguna parte del cuidado y qué cambios se han observado.

Según el plan individual, puede incluir:

  • Tipo de higiene realizada y nivel de ayuda.
  • Estado de la piel y presencia de incidencias.
  • Tolerancia, dolor, cansancio o rechazo.
  • Cambios de absorbente o cuidados específicos.
  • Medidas adoptadas y profesional informado.
  • Necesidad de revisar productos, horarios o apoyos.

La familia no necesita recibir un listado rutinario de cada aseo, pero sí debe conocer los cambios relevantes y cómo se está adaptando el cuidado a las necesidades de su familiar.

Preguntas que una familia puede hacer al visitar una residencia

Para comprobar cómo se aplica el protocolo, puedes preguntar:

  1. ¿Cómo valoran el grado de ayuda que necesita cada residente?
  2. ¿Se respetan sus horarios, productos y preferencias?
  3. ¿Qué medidas utilizan para prevenir caídas durante la ducha?
  4. ¿Cómo protegen la intimidad?
  5. ¿Qué hacen si la persona rechaza el baño?
  6. ¿Cómo adaptan el aseo cuando existe Alzheimer o demencia?
  7. ¿Se revisa la piel durante la higiene?
  8. ¿Cómo se registran y comunican las incidencias?
  9. ¿Quién realiza el cuidado y qué formación recibe?
  10. ¿Cómo puede la familia compartir hábitos y preferencias?

Las respuestas deberían describir un sistema flexible y personalizado, no una rutina cerrada basada únicamente en horarios.

Señales que justifican revisar el plan de higiene

Conviene solicitar una reunión con el centro si observas:

  • Olor persistente o ropa húmeda de forma repetida.
  • Irritación, heridas o lesiones que no se han comunicado.
  • Miedo intenso y mantenido ante el momento del baño.
  • Cambios frecuentes de productos sin explicación.
  • Pérdida rápida de autonomía sin que se fomente la participación.
  • Ausencia de información ante cambios relevantes.
  • Falta de intimidad o trato poco respetuoso.

Una incidencia aislada debe aclararse y revisarse. Cuando los problemas se repiten, es necesario analizar el procedimiento, el plan individual y la coordinación del equipo.

Residencia, centro de día o ayuda a domicilio: adaptar el apoyo

La necesidad de ayuda para la higiene no implica siempre un ingreso residencial. La opción adecuada depende del nivel de dependencia, la seguridad del domicilio, la disponibilidad familiar y otras necesidades asistenciales.

Residencia

Puede ser adecuada cuando la persona necesita supervisión continua, apoyo en varias actividades diarias, atención nocturna o un entorno adaptado.

Centro de día

El centro de día permite recibir cuidados, actividades y supervisión durante el día, manteniendo la residencia habitual en casa.

Ayuda a domicilio

La ayuda a domicilio puede prestar apoyo profesional para el aseo, vestido, movilidad y otras actividades cotidianas cuando permanecer en casa sigue siendo seguro.

Estancia temporal

Puede resultar útil después de una hospitalización, durante la recuperación, por descanso familiar o para valorar de forma progresiva qué apoyos necesita la persona.

Cómo trabajamos la higiene personal en Instituto Geriátrico Valenciano

En Instituto Geriátrico Valenciano entendemos la higiene como un cuidado personal, no como una tarea mecánica. El apoyo debe ajustarse a la autonomía, el estado de salud, los hábitos y la forma en que cada persona acepta la ayuda.

Nuestro objetivo es que la persona participe todo lo posible, conserve su intimidad y reciba el apoyo necesario con seguridad y respeto. La coordinación con la familia permite conocer rutinas, productos, preferencias y señales que pueden facilitar el cuidado diario.

Ofrecemos residencia, centro de día, estancias temporales y ayuda a domicilio en Valencia.

Nuestro centro se encuentra en C/ Doctor Álvaro López, 60, 46011 Valencia. Puedes llamarnos al 963 563 122 o solicitar información desde la página de contacto.

Opiniones de familiares de nuestros residentes

  • Excelente trato, se nota y mucho su vocación por el cuidado de personas. Muy recomendable!!!

    Carlos Chordá Avatar Carlos Chordá

    Las trabajador@s geniales, profesionales, la comida muy buena, variada etc

    maria luisa Avatar maria luisa

    Toda mi familia quisiéramos agradecer en nombre de mi madre el trato recibido por TODO EL PERSONAL del Instituto Geriátrico Valenciano mientras ha permanecido allí. Se han desvivido por ella todo el equipo: Gerencia, Dirección, Responsables de Turno, Médicas, Enfermeras, Rehabilitación, Auxiliares, Dietista, Animación, Trabadoras Sociales, Gobernanta, Cocina, Limpieza, Mantenimiento y todas las personas de apoyo que asisten al Instituto. No pongo nombres porque no quiero que se me olvide nadie. Es acogedor, familiar, limpio (para las instalaciones y las personas). Conocen a todo el mundo por su nombre y los tratan con inmenso cariño, cuidado y paciencia. Y nos es hablar por hablar, pues es el quinto anciano que hemos atendido en mi casa hasta que no hemos podido más y hemos necesitado apoyo con más medios que los nuestros. Y eso que mi madre no ha sido una residente fácil: Demencia senil, alzeimer, parálisis de cintura para abajo, tensión alta, artrosis degenerativa y unos cuantos etcéteras de rango menor. Pero han “cargado” con todo. Ha tenido control de medicina y enfermería cinco días a la semana. Le han dado todas las comidas a mano con paciencia y cariño, pues ni podía comer sola. Todo triturado y variado. Hemos sido testigos casi a diario mientras hemos podido. Visitas a cualquier hora, sin malas caras, sin apremiarnos (hemos procurado no interrumpir sus actividades). Además les cayó la gorda con el Covid, pero fueron de los primeros en reaccionar. Cuando todo el mundo pedía todavía Pan y Circo, y aún no estábamos confinados, nos llamaron amablemente por teléfono y cerraron a cal y canto la Residencia. A eso se le llama Discernimiento. A lo otro ni lo comento, pues cada uno con el tiempo se retrata solo. Resultado: ni un positivo por el Covid, ni residentes, ni trabajadores. Ni un fallecido por esta causa. Y mientras tanto, por teléfono, claro está, nos han atendido amablemente, sin “cortar” ninguna llamada, dando parte diario de la situación. Personalmente he llamado todos los días. Y todos los días la misma atención: Magnifica. He pedido hablar con responsables, médicos y la dirección, y todos me han atendido. Han aguantado tres meses como auténticas heroínas y héroes. Sin protestas, con Suma Profesionalidad (Ellas y ellos sabrán el miedo que han pasado). No ha huido nadie. En fin, no quiero extenderme más, fue un hallazgo impresionante encontrar este Instituto Geriátrico Valenciano. Solo se me ocurre una palabra: CHAPEAU. Que sigáis así. Un abrazo a todas/os de la familia de Fina Colomer.

    Martorell Gómez Avatar Martorell Gómez
  • Económico y con muy buenos profesionales

    Luis Vicente Caparros Barcelona Avatar Luis Vicente Caparros Barcelona

    Instalaciones básicas pero correctas. Personal muy atento. Es una lástima que no tengan ninguna zona al aire libre, una no puede vivir sin que el solo le roce el cuerpo cada día.

    María de la Asunción Ledesma Alborch Avatar María de la Asunción Ledesma Alborch

    Un centro con muchos años de experiencia, al cual he derivado a muchos clientes y nunca nadie me ha hablado mal de la residencia ni del el trato recibido. Todo lo contrario siempre me han agradecido que les recomendara está residencia o centro de día. Seguir en esta línea!!! Y enhorabuena por cuidar tan bien a nuestros mayores.

    Jose Miguel Simón Camps Avatar Jose Miguel Simón Camps

Contenido revisado por profesional del sector sociosanitario

Artículo revisado por Lorena David, CEO de Instituto Geriátrico Valenciano.

Lorena David es responsable del desarrollo de negocio, planificación estratégica, supervisión de procesos de calidad y coordinación de servicios asistenciales dirigidos a personas mayores, personas dependientes y sus familias.

Es licenciada en ADE, máster en dirección y gestión de servicios sociales, especialista universitaria en valoración de personas en situación de dependencia por la UPV y cuenta con más de 18 años de experiencia en el ámbito de la dependencia, especialmente con personas mayores.

  • Última actualización: junio de 2026.
  • Centro: Instituto Geriátrico Valenciano.
  • Dirección: C/ Doctor Álvaro López, 60, 46011 Valencia.
  • Teléfono: 963 563 122.

Preguntas frecuentes sobre el protocolo de higiene personal en residencias

¿Con qué frecuencia debe ducharse una persona mayor en una residencia?

No existe una frecuencia única válida para todas las personas. Debe adaptarse a su estado de salud, actividad, sudoración, continencia, preferencias y tolerancia. La higiene diaria incluye cuidados parciales aunque no se realice una ducha completa.

¿Qué incluye la higiene diaria en una residencia?

Puede incluir aseo corporal o parcial, higiene íntima, lavado de manos y cara, cuidado bucodental, peinado, cambio de ropa, revisión de la piel y los apoyos necesarios para mantener comodidad y buena imagen.

¿Cómo se realiza el aseo de una persona encamada?

Se realiza por zonas, manteniendo el resto del cuerpo cubierto, desde las áreas más limpias hacia las que requieren mayor higiene. Debe evitar dolor y enfriamiento, secar cuidadosamente la piel y utilizar una técnica segura para movilizar.

¿Qué debe hacer la residencia si una persona se niega a ducharse?

Debe intentar comprender la causa, descartar dolor o miedo, adaptar horario y entorno, ofrecer alternativas y volver a intentarlo sin confrontación. Si el rechazo persiste, se revisa el plan individual y se valoran posibles causas físicas, emocionales o cognitivas.

¿Cómo se adapta el aseo a una persona con Alzheimer?

Con una rutina estable, indicaciones sencillas, profesionales conocidos, menor cantidad de estímulos y apoyo paso a paso. Es importante preservar el pudor, evitar discusiones y detener el procedimiento si aumenta la agitación.

¿La familia puede comunicar las preferencias de higiene?

Sí. Los productos habituales, horario, peinado, forma de vestir, temperatura preferida y otras costumbres ayudan a personalizar el cuidado y pueden reducir el rechazo.

¿Qué se observa durante el aseo?

El profesional puede observar el estado de la piel, movilidad, dolor, hematomas, heridas, cambios en continencia, alteraciones de conducta y otras incidencias que deban registrarse o comunicarse.

¿Cómo sé si una residencia aplica bien el protocolo?

Pregunta cómo valoran la autonomía, protegen la intimidad, previenen caídas, actúan ante el rechazo y comunican incidencias. La persona debería mostrarse limpia y cuidada sin perder innecesariamente capacidad de decisión o autonomía.

Fuentes y criterios de referencia

Este contenido se ha elaborado teniendo en cuenta protocolos asistenciales públicos y recomendaciones sobre higiene de manos y cuidado de personas dependientes. Entre las referencias consultadas se encuentran el protocolo de aseo e higiene para usuarios de centros del IMSERSO publicado por el Gobierno de Aragón y el programa para la mejora de la higiene de manos en centros residenciales del Ministerio de Sanidad.

La aplicación concreta del protocolo debe ajustarse a la valoración y a las indicaciones de los profesionales responsables de cada residente.

¿Quieres saber qué apoyo necesita tu familiar?

Si tu madre, padre o familiar necesita ayuda para el aseo, ha perdido autonomía, rechaza determinados cuidados o estás valorando una residencia, centro de día o ayuda a domicilio, podemos orientarte.

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